Vuelta de reconocimiento

06.09.2013 23:40

No recuerdo muy bien cuándo empecé a saber de este deporte que mezcla ingeniería, diseño y tecnología a partes iguales. Lo que sí recuerdo son las partidas que echaba con un amigo en su casa al Super Monaco GP II allá por el 94 o 95. Curiosamente, uno de aquellos días se fue la luz en todo el barrio mientras jugábamos a él. ¿Quizá fue un guiño a la muerte de su protagonista, Ayrton Senna? No lo sé. Eran días en los que mezclábamos F1 y NBA a partes iguales: Senna y Olajuwon o Jordan. Lo otro que recuerdo fue su propia muerte, muy extendida y que causó gran conmoción por entonces, en el telediario en casa de mis abuelos. Empezaba la leyenda y se germinaba en mí lo que años más tarde sería una adicción por este deporte.

No obstante, volví a dejar la F1 a un lado. Seguí con la NBA y el fútbol. Cromos arriba y cromos abajo. Ni me enteré de que un tal Schumacher ganó los dos mundiales con Benetton o la polémica del mismo y Villeneuve hasta años más tarde. Durante las batallas entre Schumi y el finlandés ví alguna repetición o trozos de carreras. Algo esporádico. Pero no fue hasta que empezó el dominio rojo en el año 2000 cuando empecé a interesarme un poco más. Ya conocía a pilotos y a escuderías y el sentimiento por Ferrari crecía exponencialmente (aunque desde bien pequeñito tuviese cariño a una maqueta de un Lamborghini Murciélago azul oscuro, no obstante). Siempre me habían pirrado los coches, incluso sin saberlo. No hace mucho encontré un cochecito, un Williams FW-07 de plástico de mi época de la EGB... Ni lo recordaba. Así que empecé en una grande como Williams y acabé en otra aún más grande, Ferrari, y de ahí no me muevo.

He vivido los 5 campeonatos de Schumacher, su marcha y vuelta, sus duelos con Häkkinen, con Räikkönen, con Barrichello, con Coulthard, con Montoya y con Alonso. Hay que admitir que Schumacher sólo ha tenido tres rivales serios en su últimos años de carrera: Alonso, Kimi y Häkkinen. Pero siendo objetivo, mayor valor tiene, para mí, el haber sido un de tú a tú con este último y su coche diseñado por un tal Adrian Newey, muy en boca de todos ahora gracias a otro teutón (Vettel) que el mismo Schumi ha tutelado en cierta medida desde sus inicios. Con Alonso, no obstante, no fue igual: en 2005 el alemán se descolgó con un coche poco competitivo (sí, de esos que últimamente Ferrari hace). El español solo tenía como rival a Kimi, que cuando su motor no explotaba, le arrancaba las pegatinas al de Asturias y volaba. Fue un duelo de fiabilidad contra potencia sin control. En 2006, en cambio, Schumacher volvió pero muy probablemente ya no sentía esa pasión por el deporte. Cuando pierdes la motivación por algo dejas de estar al 110% y eso se nota. Aun así Schumacher fue subcampeón, y Alonso con otro coche fiable sino el mejor ese año, se llevó su segundo, y hasta la fecha, último mundial. Uno es un fuera de serie cuando sufre pinchazos, se relega hasta el fondo del pelotón y contra viento y marea acaba hacie podio o  4º (Brasil 2006). Como te dijeron en BMW-Sauber, Danke Michael. Eres y serás sino el más grande, uno de ellos junto con tu respetado y llorado Senna.

Los pilotos de antes estaban hechos de otra pasta, no tenían miedo a morir, y si lo tenían, corrían igualmente y se dejaban la piel. No como ahora que ven un hairpin un poco peliagudo y llaman a mamá y papá.

Por eso, he tenido suerte de conocer a Senna, a Häkkinen, a Kimi, a Montoya, al Kaiser, a Alonso, a Hamilton o a Vettel. Éstos, en mayor o menor medida, hacen de este deporte algo digno de ver y recordar, de olvidarse de problemas, de disfrutar, de sentir la velocidad y la tensión. Son ellos los que nos pegan a la TV para verles y a todos nos suenan, nos caen bien o mal, pero son ellos los que hablan en la pista, y no los periodistas de pandereta que hablan para subir el share de la cadena x o vender más ejemplares del periódico deportivo amarillista que les paga a final de mes.

Disfrutemos de la F1 como es, sin filtros interesados, para que un día podamos decirles a nuestros hijos y nietos que “yo ví a X o a Y ganar y luchar, o perder y llorar, pero ¡como peleaba!”. Hacer  como mi madre cuando me contaba que había ido a ver F1’s a Montjuïc antes de yo nacer. Llevo la F1 en la sangre y a Ferrari en el corazón, pero el cerebro ve lo que hay que ver y no lo que unos quieren que veamos.

 

Disfrutad y ¡GAS! Empezamos. Saludos.

 
Al Clemente
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